
Rescatado de un postre de notas como de 198y pico…, realmente es mas viejo que yo, pero ahora que lo encontré creo que es justo compartir este texto con la gente generacion facebook, doy los debidos creditos y agradeciemientos a Dniel Samper Pizano, autor de la columna en la revista carrusel desde hace mil años, y al propietario del bmw verde claro donador de la historia.
Hace algunas semanas se realizo un seminario en la prestigiosa universidad de Princeton, acerca del tema sociedad y cuantos de hadas. En un principio pensé que debió haber sido muy graciosos encontrarse a sabios sociólogos, solemnes antropólogos, enigmáticos siquiatras, gramáticos profundos historiadores desvelados y comunicadores de alto coturno conversando sobre caperucita roja y el lobo.
Pero al conocer las ponencias cambié de opinión. Un profesor marxista de Wisconsin manifestó que constituía la expresión simbólica de un relato en el cual la heroína debe sobrellevar la responsabilidad de una violación sexual.
Hubo quienes defendieron la inocencia de caperucita. Hubo quienes la atacaron, por considerar su actitud desafiante. Se levantaron voces de encomio para le cazador, síntesis de la figura de autoridad y de la proyección paterna. Algunos intentaron analizar el papel de credulidad de la abuelita.
Pero nadie intentó llevar la vocería del lobo, que es lo que yo habría hecho si estos caballeros se hubieran tomado la molestia de invitarme a su aquelarre académico. No solo habría sido abogado de oficio del lobo sino que habría aportado un documento revolucionario. Se rata de la versión del cuento de caperucita roja según lo relatan las mamas lobas a sus hijitos en las yertas madrigueras de la foresta boreal. Alguien la encontró abandonada en el asiento trasero de un BMW verde claro y me la envió por correo.
He aquí pues la versión lupina del cuento de caperucita:
Había una vez un lobo muy inteligente e inquieto con sus padres en el bosque. Su madre la había advertido muchas veces que no saliera de la cueva antes de que cayera la noche porque podría tropezarse con un hombre que le hiciera daño.
Pero el lobito, aunque sagaz, era muy desobediente y sobretodo, adoraba el olor de las flores la sobra fresca que proyectan las ramas al mediodía y el canto de los azulejos. De manera que, tan pronto mama loba se sentaba a ver la telelobela y aprovechando que papa lobo se encontraba en la gerencia de la mina de esmeraldas, el lobito salía a hurtadillas de la cueva.
He aquí que una mañana, cuando caminaba por un claro bosque, tropezó de manos a boca con un ejemplar de la temida especie humana. Lleno de pánico esperó el disparo con los ojos cerrados, pero a los pocos minutos se percató que aquella niña vestida de rojo no le haría daño y se limitaba a verlo con curiosidad. Lobito trabó conversación con ella y al cabo de un rato la niña, de pura ingenua, le confesó que acudía a la casa de su abuelita con pasteles envenenados porque la vieja había desheredado a sus padres. En vez de regresar a casa como era lo prudente, lobito prefirió indicarle a caperucita el camino, mientras él tomaba un atajo mas corto para advertir a la anciana es que lobito tenia un corazón tan grande como la boca.
Llegó pues primero que la despiadada nietecita a casa de la abuela y no bien había informado a la señora sobre el atentado que pretendía realizar caperucita, cuando escucharon que ésta golpeaba la puerta. Atemorizada, la abuela quiso esconderse en algún recoveco oscuro, no hallando nada mas oscuro que la boca del lobo, se deslizó desconsideradamente por las fauces del lobito y se refugio en su estomago. Ya habíamos dicho que el lobito tenia un aboca muy grande. Enseguida este se echo encima un gorro de la avuela antes de que entrara caperucita.
Caperucita se aproximo al lobo disfrazado de abuelita y muy pronto entró en sospechas. “que orejas tan grandes tienes” le comentó. “son para oírte mejor”, respondió el lobo. “y que manos tan grandes tienes” agregó la chica. “son para acariciarte mejor”, disimuló el lobito. “y que boca tan grande tienes”, observó caperucita. Cuando se disponía a contestar, la niña alcanzó a ver el hondo de la garganta del lobo los aterrados ojos de la abuelita, y perdiendo toda compostura agarro el pastel envenenado y se lanzó en busca de la anciana por jeta abierta del pobre lobito.
En esos momentos atinaba a aparecer un temible cazador que, escuchando el alboroto penetró a la casa. Y el cruel y sanguinario personaje no bien vio a lobito se abalanzo armado de filoso cuchillo y le dio muerte con el fin de utilizar su piel para una alfombra pie-de-cama. Cual no sería su sorpresa cuando de la barriga del lobito asesinado saltaron la abuela y caperucita, quienes por proteger la imagen de la familia callaron la verdadera historia.
Esa noche mama loba y papa lobo esperaron inútilmente el regreso del lobito, y siguen aguardándolo con una llamita de ilusión, porque no captan la honda crueldad del corazón humano . Simplemente lo hicieron registrar como desaparecido